Hace unos años esto habría sonado absurdo.
«Si te duele la rodilla… haz ejercicio.»
«Si te duele la espalda… muévete.»
«Si te duele el hombro… sigue utilizándolo.»
La mayoría habría respondido lo mismo.
«Estás loco.»
Y, sin embargo…
Hoy sabemos que, en muchas lesiones, dejar de moverse durante demasiado tiempo suele ser peor que moverse bien.
No más.
Mejor.
Hay una diferencia enorme.
Quizá esperabas encontrar una tabla con diez ejercicios.
No la vas a encontrar.
Porque sería poco responsable.
El mejor ejercicio para tu vecino puede ser el peor para ti.
Y eso es precisamente lo que hace diferente al ejercicio terapéutico.
No consiste en hacer movimientos «de rehabilitación».
Consiste en elegir el estímulo adecuado para la persona adecuada.
Piensa en una lesión como un hueso roto.
No.
Mejor no.
Porque la mayoría de lesiones que tratamos en consulta no funcionan así.
Piensa en una planta.
Si nunca la riegas…
Se seca.
Si la riegas demasiado…
También.
El tejido humano se comporta muchas veces de forma parecida.
Necesita un estímulo.
Pero necesita el correcto.
Ni cero.
Ni cien.
El suficiente para adaptarse.
Por eso hay pacientes que llegan esperando un masaje…
Y se marchan haciendo sentadillas.
No porque nos guste hacer sufrir a la gente.
Sino porque sabemos que el cuerpo cambia cuando le damos un motivo para cambiar.
Y ese motivo suele llamarse movimiento.
¿Significa eso que siempre hay que entrenar con dolor?
No.
Y aquí empiezan los matices.
Hay dolores que indican que debemos bajar la carga.
Otros son completamente esperables durante la recuperación.
La clave está en distinguir unos de otros.
Y eso no lo puede hacer Google.
Hay algo curioso.
Cuando preguntamos:
«¿Qué deporte haces?»
Mucha gente responde.
«Ninguno.»
Cinco minutos después descubrimos que trabajan ocho horas de pie.
Suben escaleras.
Cargan cajas.
Persiguen a sus hijos.
Caminan diez mil pasos al día.
Eso también es carga.
El cuerpo no distingue entre un gimnasio y una jornada laboral.
Solo sabe cuánto le estás pidiendo.
Por eso el ejercicio terapéutico no empieza con una mancuerna.
Empieza con una conversación.
¿Qué necesitas volver a hacer?
¿Caminar sin dolor?
¿Jugar al pádel?
¿Coger a tu hija en brazos?
¿Volver a correr?
Ese objetivo es el que diseña el tratamiento.
No al revés.
Si tu lesión lleva semanas o meses acompañándote, quizá no necesites dejar de moverte.
Quizá necesites aprender cómo volver a hacerlo.
Y ahí empieza el verdadero trabajo.
Bibliografía
- American College of Sports Medicine (ACSM). Exercise is Medicine.
- World Physiotherapy. Position Statement: Physical Activity and Exercise.
- British Journal of Sports Medicine. Consensus statements on therapeutic exercise.
- Booth FW, Roberts CK, Laye MJ. Lack of exercise is a major cause of chronic diseases.
- World Health Organization. Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behaviour.




